"Aquella manada luchó con valentia con la mayor de sus fuerzas. Era una manada de guerreros que habian luchado desde la existencia del mundo, sin mayor motivo que la superviviencia y la aprobación de sus antepasados en la luna. Todos conocemos las batallas libradas por estas fieras. Muy pocos conocemos cual fue su triste final...
Sus tratos con la horda se rompieron en añicos por causa del numero de bajas en cada bando. Morian más lobos que orcos; y habia orcos irrespetuosos que aprovechaban los cadaveres de los caidos para su propio beneficio. Tiempo atras habian luchado juntos por un azeroth digno de mención en los libros de historia... Pero la Alianza se hizo fuerte, y supo que únicamente cazando a los mamiferos serian capaces de ganar las futuras batallas.
Maiku, el destrozado lobo que trepó moribundo la colina hacia su deseada batalla, era el último de su legendaria manada que permanecia con vida. El guió a los lobos hacia su cruel destino... él quedó grabado en la memoria de todos los aqui reunidos. Su sangre baña las tierras que nos rodean. Aqui, en Roca del Sol, yació su cuerpo, pero no su espiritu.
El último lobo de la manada no podia abandonar azeroth sin dejar un descendiente. Sus antepasados se lo advirtieron, Faona, Akela y Raksha, velarian junto a él por un prospero futuro para sus herederos.
Sus olfatos buscaron en el aire a un ser digno de su linage. Dia tras dia, luna tras luna. Así pasó el tiempo hasta que a Maiku se le ocurrió una locura. Persiguió el aroma de un espiritu que no era animal... o no demasiado, al menos. Ante sus cansados ojos apareció la figura que habia llamado a gritos su curiosidad. Un elfo de sangre arrodillado en el suelo, que incluso vivo parecia capaz de mirar su espiritual cuerpo de lobo. Maiku tembló ante su presencia; más amenazadora en aparencia de lo que en realidad era. Los rojizos cabellos en fuego de aquel paladin ni se inmutaban por el feroz aliento de la naturaleza. Ciertamente, se estaba levantando una violenta tormenta; la luna se ocultaba y los lobos aullaban tristes al perder de vista a su amada.
Maiku rodeó a aquel ser, el cual no le siguió con la vista. Respiró tranquilo al ver que solo se habia tratado de una coincidencia.
-Padre...-Susurró el elfo y el lobo prestó atención.- Se que para salvarte he de ser fuerte. He pasado estos últimos años sin ti, vagando a solas sin saber que hacer para encontrarte...- El elfo miró al cielo; las gotas de agua cayeron afiladas para recordarle los momentos duros del pasado.- Por fin alguien me a ayudado. Ya no estoy solo en el camino...-Sonrió por un momento.- Gracias a ella ya se por donde debo ir. Espero que más se unan en esta travesia...y que nunca más caminen solos.- Poniendose en pie, Karnak Amarth cerró los ojos para llevarse una mano al pecho.- Siempre es agradable tener a alguien que luche a tu lado.
El elfo se marchó, pero no sin antes dedicarle una última mirada al suelo donde estaba el lobo. Se alejó a pasos apresurados, pero dejando en el aire su aroma a fantasia, a victoria, a futuro...
Maiku aulló al cielo, y a su llamada no tardaron en aparecer tres espiritus como él. Faona, Akela y Raksha, estaban listos para escuchar las palabras que su heredero queria decir. Pero de la boca de Maiku no salió ni el aire que contenia en el pecho. Raksha se acercó a él, mirando como la figura de Karnak se perdia a lo lejos.
-¿Estas seguro?- Preguntó la loba entendiendo lo que queria decirles.
-Puede ser peligroso.- Adviritió Akela mostrando su ligero enfado.
-Los jovenes siempre lo sois.- Susurró Faona suspirando.
-Los lobos volveran a librar batallas.- Dijo Maiku sonriendo"
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